Mi historia no comenzó con el diseño; comenzó con el intento de entenderme a mí mismo.
Durante años, viví en el mundo del diseño y la producción, persiguiendo constantemente la perfección y perdiéndome en los detalles. Con el tiempo, mi mente se agotó. Seguía creando, pero ya no podía sentir lo que hacía. Al final, la ansiedad hizo que todo perdiera su sentido.
Entonces, un día, sentí la necesidad de desaparecer por un tiempo. Me subí a una bicicleta y recorrí casi 4.500 kilómetros por Turquía, desde el Egeo hasta el Mar Negro, desde el Mediterráneo hasta el sureste. En el camino, conocí a extraños y experimenté vidas diferentes.
Nunca se trató de deporte. Se trataba de reiniciar mi mente, de comunicarme sin barreras ni prejuicios y de volver a conectar con la gente.
Ese viaje cambió mi forma de entender el diseño. Me di cuenta de que el diseño no es solo cuestión de colores, formas o estética; se trata de comprender a las personas, construir conexiones reales y hacerles sentir algo.
Cuando regresé a Estambul, ya no era la misma persona.
Hoy en día, sigo creando en diseño gráfico, impresión, fotografía, software web y mis propias marcas. Pero para mí, el éxito nunca ha consistido únicamente en crear marcas. Siempre se ha tratado de mejorarme a mí mismo, desarrollar mi perspectiva y seguir avanzando, ya sea a través de maratones, carreteras o nuevas ideas.

